Para 1962, el "protocosplay" en Japón dio un giro hacia la ciencia ficción espacial y la sofisticación técnica. Mientras que en años anteriores la imitación era más rústica, este año se caracterizó por:
1. El impacto de Eiji Tsuburaya y los Efectos Especiales
Con el estreno de películas como Gorath (1962), los niños comenzaron a fascinarse no solo con el héroe, sino con la tecnología.
Cascos espaciales: Se popularizó el intento de recrear visores transparentes y antenas usando materiales domésticos.
Armamento futurista: Las pistolas de rayos sustituyeron definitivamente a las espadas de madera en la preferencia urbana.
2. Tetsujin 28-gō y la "Era del Cartón"
Aunque el manga ya era famoso, en 1962 la fiebre por los robots gigantes llevó a los niños a una construcción más estructural.
Ingeniería infantil: El uso de cajas de electrodomésticos (que empezaban a abundar en los hogares japoneses) para crear cuerpos cúbicos.
Cosplay estático: A diferencia de los héroes de capa, el "disfraz" de robot limitaba el movimiento, transformando el juego en una exhibición de la armadura más que en una actuación de lucha.
3. La consolidación de la "Máscara de Plástico" (Menmen)
En 1962, los puestos de los festivales (matsuri) estandarizaron la venta de máscaras de acetato de alta fidelidad.
Accesibilidad: Esto democratizó el protocosplay; cualquier niño con unos pocos yenes podía tener el rostro exacto de su héroe (como National Kid o los nuevos personajes de Toei).
Estatus visual: El juego pasó de "imaginar que soy" a "verme como" el personaje.
4. Wonder Three (W3) y el inicio del estilo Osamu Tezuka
Aunque el anime televisivo estaba a punto de explotar (1963), el manga de 1962 ya dictaba modas.
Ojos grandes y peinados imposibles: Los niños empezaron a notar que el cabello de los personajes de manga era parte de su identidad, intentando recrear flequillos o puntas usando fijadores caseros o gorras modificadas.
5. El componente social: El "Juego de Roles"
El protocosplay de 1962 dejó de ser individual para volverse narrativo. Los niños ya no solo se disfrazaban, sino que recreaban episodios completos, asignando roles de "villano", "monstruo" y "héroe", lo que hoy llamaríamos performance de grupo.

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